2016,  Opinión

EL SINDROME APLEY

26.09.2016 Pepe Cabrera Hace unas semanas leyendo un libro de artículos periodísticos de Javier Marías (en adelante J.M.), me llamó la atención uno de ellos que empezaba comentando una película de Joseph L. Mankiewicz“El mundo de George Apley”. Exponía con detalle la descripción irónica de la vida cerrada y rancia de una familia conservadora y cicatera de la ciudad de Boston. Sus miembros dice J.M. se pasaban su existencia preocupados por cuestiones mínimas relacionadas con el pasado, presente y futuro de la familia y consideraban poco menos que extranjero a cualquiera que no hubiera nacido en su refinada calle. Unos de los personajes rondaba según J.M. el ridículo: la tía Amelia, que en un momento dado afirmaba: <<Cada vez que estoy deprimida, me recuerdo a mí misma que soy una Apley>>. La sátira transcurre en 1912 y es sorprendente que después de más de cien años esta actitud decadente, retrógrada y miserable se dé con tanta frecuencia. Pues participan de ella considerables porciones de pueblos, regiones, naciones o como prefieran que les llamen, es indiferente para el caso. Según J.M. una definición de nacionalismo sería: <<Consiste en pasarse la vida dando importancia a cosas que no la tienen>> o esta otra un tanto más dura: <<Consiste en cultivar un espíritu mezquino y excluyente, y en encontrar la razón de ser en algo enteramente accidental, como es el lugar de nacimiento>>. Coincido con J.M. que nacionalista es ser <<una Apley>> y en ejercer de tal las veinticuatro horas del día.

 

Yo soy de Málaga, y quizá porque la gente de esta tierra estamos tan acostumbrados a recibir a personas de tantas nacionalidades o quizá por alguna otra razón que desconozco, nos da igual que fulanito sea de allí o menganito de allá, en definitiva nos molesta poco la procedencia de cada uno. Por tanto perdemos poco el tiempo en ese tipo depreocupaciones superficiales evitando añadirlas a las que ya tenemos. No hace demasiado tiempo el Sr. D.Artur Mas (presidente de la Generalidad de Cataluña hasta hace un año) dijo parafraseando a su mentor y presunto socio el honorable Sr. D. Jordi Pujol (no sé si se acuerdan de él… el de: <<España nos roba>> y todo eso) <<Cada día debemos defender nuestra identidad. Nuestro primer objetivo es el de ser catalanes>>. Lo curioso es que lo son desde que nacen; no sabía yo que los ciudadanos tengan que defender algo que ya son. Perla sin desperdicio esta otra: <<Los medios de comunicación se cuelan por todas partes, en inglés, en castellano; se nos meten bajo la puerta y no podemos pararlos. Cada mañana, cuando nos levantamos, hemos de defender nuestra identidad>>. El catalán de a pie no tiene otra cosa que hacer recién levantado, a pelo, incluso sin desayunar que cerrar puertas y ventanas, apagando radios y televisores para que nadie les hable en inglés o castellano y así no perder la identidad. Un disparate, me recuerda alguna película de Berlanga. Y es que quién sabe. Pudiera suceder que pallareses, ampurdaneses, araneseso cualquier otros miembros de comarcas como tantas hay en Cataluña se les ocurriese pensar: <<los barceloneses son una fuente de corrosión y unos de los elementos más contaminantes que existen en Europa>>. Les aseguro que esto se publicó en un diario de Gerona no hace mucho tiempo.

 

Y es que no puedo estar más de acuerdo con mi admirado Javier Marías cuando dice que dentro de poco habrá nacionalistas de una comarca, de un pueblo, de una calle o de una casita adosada. Y visto lo visto en estos últimos tiempos yo añado que nos quedamos cortos pues intentarán separarse de la comarca, del pueblo, de la calle o de la comunidad de vecinos de la casita adosada. De esta manera, por fin, nadie contaminará a nadie ni se contaminarán de nadie y así podrán vivir todos aislados y satisfechos, eso sí, cuando estén melancólicos y depresivos se miraran al espejo con un gesto altanero y orgulloso y repetirán el mantra: por lo menos soy una Apley.