2016,  Opinión

GOD SAVE THE QUEEN

06.11.0216 Rafael Guardiola Gracias al imperio de las tecnologías de la información y la comunicación puedo combatir últimamente el tedio que asalta las mentes adolescentes de mis alumnos cuando me empeño en transcribir, a un lenguaje medianamente inteligible, las peculiaridades que la “physis” pudo tener para los pensadores de la Grecia antigua. Ante la imposibilidad material de poder invitar a Heráclito de Éfeso o a Parménides de Elea para ilustrar mis explicaciones barrocas sobre la naturaleza y los humanos artefactos, excesivamente afectadas por la lectura malsana de manuales de Historia de la Filosofía, un servidor se arriesga, a diario, a no satisfacer los requisitos de la “interpretación radical”. Ni siquiera tengo a  mi lado a Nietzsche, una especie de extraterrestre y  filósofo griego del siglo XIX, a pesar de sus orígenes germánicos, para hacer más sencilla la tarea hermenéutica –vaya palabrota que me ha salido. ¿Cómo podría yo conseguir que mi auditorio sintonizara con la idea de que la naturaleza es un cosmos, una totalidad ordenada digna de ser reverenciada y conservada, y que se asemeja a un organismo vivo? Pensarán –mis alumnos-, que no me he tomado la medicación o que me he dado a la bebida. Sobre todo, después de leer que el gobierno español en funciones está presionando a la Unión Europea para que los coches de gasolina puedan contaminar más y que se les controle más tarde de lo habitual. En el aula estamos rodeados de artefactos –especialmente de los dispositivos móviles que se esconden impúdicamente en la entrepierna- y sólo nos devuelve la humanidad el hecho de constatar los regalos olfativos, cargados de feromonas, generados en la intensa sesión de la clase de Educación Física o las partículas de cebolla en suspensión que se escapan de la cocina de las instalaciones de los Ciclos Formativos. De este modo, no es difícil pensar que la naturaleza es el espacio en el que depositamos los escombros y la basura tecnológica. Difícil tarea la de intentar que la naturaleza se conciba como un espacio sagrado y tomar conciencia de que nosotros somos naturaleza.

 

Gracias al ciberespacio puedo inte

rcalar los arabescos del razonamiento abstracto con unos relajantes “minutos musicales”, con amor y humor, si es posible, divisa de mi escudo heráldico pedagógico imaginario. Me conecto a la red con la intención de encontrar una imagen de Parménides, para que mis alumnos se den cuenta de que mi sex appeal es muy superior al del ciudadano de Elea, entre otras cosas. Y desde el ciberespacio me hacen una sugerencia: ¿por qué no acude usted al canal YouTube para degustar las virtudes de un vídeo musical –o lo que sea- titulado “Pen Pineapple Apple Pen”. Se trata de una canción mínima y harto recurrente –menos florida que las producciones del ínclito Leonardo Dantés, compositor e intérprete de joyas artísticas como “Tiene nombres mil el miembro viril”-, interpretada por el japonés Piko Taro, a quien todos los dioses confundan, y que ha causado furor en los últimos días. Y yo, mientras tanto, intentando convencer a mi alumnado de la felicidad que obtendrán si adquieren los contenidos que les ofrezco, como  medio para tener un trabajo satisfactorio. ¿Trabajo? ¿Dónde hay trabajo para los jóvenes? ¿Cuánto dinero se habrá embolsado ya Piko Taro por su proeza musical? Y si es así, ¿qué hacéis aquí? (les digo a mis alumnos), aguantando este discurso romántico sobre el carácter sagrado de la “physis”. Llegamos a la triste conclusión de que esto es lo que hay.

Menos mal que nuestra respuesta resignada y pesimista nos lleva a la reflexión política, algo que no rehusaban con facilidad los antiguos aristócratas griegos, según nos recuerda Diógenes Laercio. ¿Cómo se podría arreglar este desaguisado, con la que está cayendo? Seguimos con nuestros “minutos musicales” en nuestra peculiar “carta de ajuste”. Le toca el turno a los legendarios Sex Pistols, banda de punk rock fundada en Londres en 1975, y auténticos padres del movimiento punk en el Reino Unido. En el año 1977 lanzaron la canción “GodSavetheQueen (Dios salve a la Reina)”[i]. La crítica de los valores caducos de la tradición británica y el grito desgarrado frente al conformismo social y la ausencia de oportunidades para los jóvenes en el marco de las sociedades opulentas del consumo desaforado y el evanescente bienestar no les resulta ajeno a gran parte de mis alumnos. De hecho, me preguntan si la canción que escuchamos –GodSavetheQueen- es “de ahora”. Más que nada, porque la situación que pinta tiene muchos puntos de contacto con el presente. En 1985, cuando empecé a explicar filosofía, me apetecía exhibir una cresta radiante y coloreada ante mi auditorio. Pero la alopecia caminaba a marchas forzadas e hizo imposible el intento. ¿Hay futuro? ¿La sociedad está calva? Juzguen ustedes.


[i]God save the Queen
The fascist regime,
They made you a moron
A potential H-bomb

God save the Queen
She ain’t no human being
There is no future
And England’s dreaming

Don’t be told what you want
Don’t be told what you need
There’s no future
No future
No future for you

God save the Queen
We mean it man
We love our Queen
God saves

God save the Queen
‘Cause tourists are money
And our figurehead
Is not what she seems

Oh God save history
God save your mad parade
Oh Lord God have mercy
All crimes are paid

When there’s no future
How can there be sin
We’re the flowers
In the dustbin
We’re the poison
In your human machine
We’re the future
You’re future…