LAS PROMESAS SON PARA CUMPLIRLAS
03.12.2016 Antonio Villalba Moreno A finales de agosto tuve una larga conversación con el director de este diario digital, en ella nos comprometimos a cumplir unas normas autoimpuestas, en mi caso fue que enviaría, como mínimo, una columna mensual para rebatir la afirmación, quizá cierta, de que los colaboradores habituales no somos constantes.
Resulta que la fecha para entregar la siguiente se está acercando sigilosamente y últimamente he estado muy atareado en otras ocupaciones, olvidando mi promesa, así que me he puesto manos a la obra para no faltar a mi palabra. Y este ha sido el resultado.
Quiero pensar que soy capaz de escribir de corrido un artículo, para ello me he provisto de unas notas, una idea preconcebida y he elegido el momento idóneo, justo después de la siesta de una tarde. Normalmente es la hora más fructífera, al menos para mí. Una tarde de otoño, y si está lloviendo, como es el caso, más aún, si a eso le añadimos que me he quedado solo en casa, se cierra el círculo perfecto para la inspiración. Ahora es necesario ir completando líneas en el cuaderno que utilizo.
Debo confesar que aún escribo a mano (aunque no siempre), así puedo tachar lo que no está bien. Ya sé que en el ordenador también puede hacerse, y mejor y más rápido, pero me gusta ver cómo avanzo, en este caso, sobre las cuadrículas de un cuaderno con anillas recién estrenado.
De vez en cuando rodeo con un círculo un párrafo, coloco una flecha y lo pongo al principio o al final del escrito. En otras ocasiones tacho tres o cuatro líneas, sino el fragmento entero. Me gusta abrir llaves a los márgenes anotando ideas que luego puedo desarrollar. Después veo cómo ha quedado el conjunto y me olvido de él.
Al día siguiente lo recupero y lo paso a limpio, ya utilizando el Word. Entonces veo si el boceto merece la pena conservarlo, si es así le doy el visto bueno y continúo con él, si por el contrario es una birria, lo elimino, o quizá utilizo lo que puede ser útil para otra ocasión.
Esta idea que están leyendo estuvo a punto de ir directamente a la papelera. Ustedes dirán si he hecho bien en dejarlo o me he pasado de listo enviándolo al periódico. Si han llegado hasta el final del artículo es que están muy aburridos o quizá no me he equivocado en mi percepción. Al menos he conseguido algo: cumplir con mi promesa.