RUBRICA DESDE EL ALBAICIN: JUAN «EL PANADERO»
.Jesús Manuel CASTILLO RAMOS.Siempre ha sido un placer para un servidor, escribir y opinar.
Un colega de los medios de comunicación, afirmaba una vez en una comida de periodistas en la que coincidimos, que yo siempre me mojaba.
La verdad que no lo sé pero por eso quiero crecer en este proyecto con esta firma periódica que creo necesaria.
Lo que sí sé también es que me gusta decir lo que pienso y participar ya que creo, no sé ustedes que la vida es un poco de eso y otro de otros tantos como por ejemplo los recuerdos y las vivencias.
Para muchos en Alhaurín de la Torre soy muchas cosas, eso es evidente.
Tanto como que tengo mis partidarios y mis detractores, mi identificación con muchas facetas para unos y para otros.
Para algunos, no sé si para una inmensa minoría como vendría a decir el bueno de Benedetti, soy el nieto de Maria “La Chivo” y Juan Castillo y he de decirles que eso me honra tanto que ello le da en parte título a esta sección en recuerdo de aquella Calle Albaicín, número 11, en pleno barrio viejo, que me vió de niño y de jovenzuelo.
El llevar sangre de ellos, el tener familia aquí, aún siendo oriundo de Churriana como siempre me ha gustado portar por bandera me ha hecho tener múltiples recuerdos de eso de los que hablaba.
Algunos de ellos como por ejemplo aquellos grandes murales de Marín en Semana Santa, la Guardia Real en los Jueves Santo alhaurino, las noches en Juani Peña… los he vivido entre ustedes y entre las calles y las plazas de esta realidad que es tan apasionante y que cada día nos convoca de hacer pueblo, de hacer municipio desde nuestra labor diaria y cotidiana de cada uno.
Otros recuerdos eran en mi barriada y me venían de lo que en mi casa era “el pueblo”: los líos cuando la construcción de la prisión, lo que se pasó cuando se cayó aquel circo que pasó por aquí…y en mi caso y en mi casa la llegada cada día, infranqueable y con la puntualidad de un reloj suizo, del pan que traía Juan López Calleja, Juan “El Panadero”.
Por eso, en esta semana que ahora acaba, su partida, amén de que ha sido una pena para este terruño alhaurino, un leve retroceso en nuestro haber como pueblo, ha sido un reencuentro conmigo mismo aquella mañana en la que sentado en mi lugar de trabajo la conexión a una conocida red social me daba la mala nueva de que Juan había partido.
Juan López, fue de una estirpe que hoy ni la hay ni se fabrica.
Tenía el orgullo de querer crecer, la valentía para plantarse ante los suyos como lo hizo en su momento reinvindicando su futuro propio sin estar al cobijo y al amparo de nadie, el resarcirse de los baches y salir adelante, el trabajo diario sin desfallecer….
Juan, como muchos de su generación fue eso y no necesitaba de coaching, ni inteligencia emocional, ni leches en vinagre que están muy bien pero que miren usted por donde a veces nos drogan tanto que nos hacen olvidar el día a día y que todo es más simple de lo que nos creemos.
Así era aquel hombre que venía a la puerta de mi casa, a lomos de aquella Ebro, en la que como chavea que era me llamaba la atención ver escrito en la puerta las iniciales J.L.C. y que en aquellos tiempos no tenía ni la puñetera idea de lo que era.
Juan fue de una clase, que no nos olvidemos construyó el Alhaurín que hoy es envidia provincial y tenía el sentido común y el consenso que a veces hoy nos falta.
Juan estuvo de concejal, junto a Don Juan y junto a Manuel López y otros tantos, sentado bases, haciendo que el pueblo no se viniese abajo cuando Punto Industrial puso su punto y final, construyendo un Alhaurín de servicios, de placer, de la otra vida que vino tras ser aquel pueblo agrícola que dejó de ser y que como diría Sanchez Pinilla, “tanto quería ser”.
¡Cuánto de bueno hizo aquel elenco que no eran ni doctores en leyes, ni catedráticos!, ¡Cuánto deberían de aprender de ellos nuestra generación de dirigentes que hoy por ejemplo, más de cien días después de celebrarse unas elecciones siguen sin darnos gobierno!.
Reconozco publicamente que cuando me enteré de su óbito miré por la cristalera de mi mesa de trabajo que coincide con la calle donde tuvimos él y yo nuestra última conversación.
Me acordé de mucho.
De cuando vendía danones, de cuando en mi casa nos tocó aquel video Beta en los sorteos que hacía, de cuando trajo por encargo de mis tías un buen papelón de dulces de navidad aquel adviento que en mi casa vivimos la tragedia de la muerte de mi madrina y me acordé de lo que me djo:”Tu pilla tu verea y que nada te detenga”.
Constancia, era lo que me estaba pidiendo, lo que me estaba aconsejando, en parte de mis sueños y mis anhelos y que hoy a muchos les falta en su trabajo y en su quehacer y que no se enteran, de una vez, que es la mejor medicina para que te vengan los frutos, el éxito y el triunfo del día a día.
De un día a día en el que seguiremos haciendo Alhaurín,entre todos, todos juntos, sin desfallecer, haciendo pueblo que en defintiva tengan por descontado es el mejor homenaje y el mejor recuerdo para un hombre, que como diría Machado, el genial poeta, fue en el buen sentido de la palabra, bueno.
Descanse en paz.