CRONICAS CON ALHARTE: HOMENAJE A DIEGO

«La vida es un lienzo en blanco, y debes lanzar sobre él toda la pintura que puedas»
Enrique Martín Con estas palabras de Danny Kaye, pronunciadas por María del Carmen Cebrián Muñoz, se daba por inaugurada la exposición colectiva “Homenaje a Diego”, que podrá visitarse en la sala de exposiciones del Centro Cultural “Vicente Aleixandre” hasta el 25 de octubre.
La muestra que cuelga de las paredes de la Casa de la Cultura expone 27 obras de los alumnos y alumnas del taller de pintura de María del Carmen, personas de diferentes edades con una inquietud en común, el arte. Son pedacitos de vida que cada uno ha ido volcando sobre el lienzo, arrojando amarillos, carmines, azules y blancos en elaboradas mezclas hasta llegar a la calidez deseada, a la luz buscada. Para María del Carmen, más que el resultado final, lo más importante es el proceso de aprendizaje y disfrutar del proceso de creación. El arte tiene su punto de inicio en el aprendizaje, en el descubrimiento de la belleza, en encontrarla en una forma, un color o un matiz. Y esa búsqueda y ese encuentro con la belleza hace que esa inquietud se vaya convirtiendo en una necesidad de expresar, potenciada con la adquisición de las habilidades que se van construyendo en el aula: sensibilización, imaginación, creatividad,… El único propósito que persigue la exposición es compartir con el público el trabajo realizado y lo aprendido durante el año, la satisfacción de ver en una muestra el resultado del duro trabajo desarrollado durante todo ese tiempo. Cada día, estos artistas acuden al taller, preparan el medio, plasman el boceto, elaboran la mezcla de colores y comienzan a poner pinceladas salvando las dudas y dando respuesta a esa lucha interior, como señalaba Vassily Kandinsky en su obra “De lo espiritual en el arte”: “La voz interior del alma le indica entonces la forma que necesita y de dónde debe tomarla (de la naturaleza interior o exterior). El artista que trabaja guiado por su intuición experimenta cómo una forma escogida de pronto e inesperadamente resulta errónea, y cómo automáticamente surge otra más idónea que ocupa el lugar de la forma rechazada”. Con el paso del tiempo y siendo constante en la tarea emprendida, se va haciendo familiar esa “voz interior”, adquiriendo sesión a sesión la seguridad necesaria para decidir rápidamente si la pincelada dada está bien o está mal, si se debe añadir algún matiz o se debe dar por finalizada la obra para firmarla. Todas las obras expuestas tienen en común esa constancia y esas ganas de aprender.
El título de la muestra, “Homenaje a Diego”, es un sentido homenaje a los alumnos que ya no están entre nosotros. Diego, del que se expone la obra que vemos en el cartel de la exposición, fue uno de ellos, pero representa a una larga lista que han formado parte de la vida del taller, de la profesora y de sus alumnos. Dejaron su huella plasmada en el lienzo, trazos y pinceladas que perdurarán en el tiempo y que nos traerán su recuerdo al presente.
La sala de exposiciones y el hall de entrada del edificio alhaurino acogen esta exposición con una cuidada colocación e iluminación. En ella vemos obras de diferentes temáticas y estilos realizadas con tesón y paciencia: marinas, paisajes, bodegones, animales, flores, etc. La gran mayoría de los alumnos han trabajado con óleo, aunque también encontramos algunas obras realizadas en acrílico, acuarela, pastel o tinta china.
«La naturaleza imita al arte» decía Oscar Wilde, en esta muestra podemos verla en muchas de las obras. Árboles de colores mágicos, un viejo sauce negro de tinta china en contraposición a un colorido y detallado sauce al óleo, amaneceres con colores desbordantes, flores realizadas con una delicadeza exquisita, en cestas, ramos o ramilletes, o simplemente en la alameda.
En la exposición nos encontraremos con paisajes otoñales y vistas donde la mano del hombre ha situado elementos ajenos a ella, para completarla o regarla de color, como hizo Diego con su pincelada suelta y colorida. Descubriremos a vendimiadores concentrados en su labor, caminantes en paseos lluviosos con el mundo reflejado a sus pies, o la escena de lo que fue una apacible tarde de verano de sombra y botijo. Veremos animales realizados con distintas técnicas, bodegones o una interesante “calle sin salida” realizada al pastel.
Al seguir recorriendo la sala nos encontraremos con la Alhambra y su Sierra Nevada al fondo, como si Federico la estuviera mirando desde su balcón en la Huerta de San Vicente. Y por supuesto, veremos marinas, motivo recurrente en el arte. Una orilla del mar que nos transporta a nuestra infancia, gaviotas revoloteando, una isla paradisiaca repleta de luz y color. Son obras donde los artistas se ajustan a los cánones tradicionales del arte, sin arriesgar, pero con firmeza en su proceso de aprendizaje. No se necesita más en el arte durante la etapa de formación.
En estos tiempos que corren donde el mercado del arte lo es todo, me complace que se apueste por el arte realizado por artistas en formación y el arte local en general, de hecho, Alhaurín de la Torre es una localidad que goza de una buena oferta de formación artística y a través de exposiciones como esta se impulsa dicha propuesta formativa. Solo había que observarlo el día de la inauguración de la muestra. Felicidad, ilusión, alegría compartida, expectación por conocer la reacción del público, respeto, recuerdos. Muchas emociones concentradas en un instante que serán, sin duda, una magnífica motivación para que, pasadas unas semanas, cuando descuelguen las obras de la pared, sigan todos trabajando, aprendiendo y evolucionando.
Lo más bello del arte es el contacto con la obra. Vayan y vean esta exposición.