PIENSE USTED LO QUE QUIERA PERO PIENSELO
19.03.2017 Rafael Guardiola Atrás quedó el veintitrés de febrero, una de las fechas clave en la trepanación del cráneo del sistema democrático español sin fines terapéuticos. No obstante, la fecha me permitió celebrar con los melómanos de pro, por todo lo alto, con orgullo y satisfacción, el nacimiento de George Frideric Händel, ese gigante del barroco que aspiraba, con su música solemne, alegre y galante, a ir más allá del mero entretenimiento del receptor, pues pretendía hacernos mejores, provocar una transformación en nuestra manera de leer el mapa de la existencia en este mundo cruel. Es ésta también una de las viejas aspiraciones de la filosofía, entendida como modo de vida y no sólo como juego académico altamente intelectualizado.
El joven profesor malagueño Sebastián Gámez Millán nos ha hecho un precioso regalo con su último libro titulado 100 filósofos y pensadores españoles y latinoamericanos, publicado recientemente con sumo esmero por la editorial IlusBooks. Este “pequeño tesoro” como lo calificó el profesor de la Universidad de Málaga Enrique Baena, es un auténtico filón para quien, como yo, goza con el singular acto de la escritura. Y es que, como afirma el profesor Gámez, la escritura es un medio idóneo para articular y explicitar el pensamiento, así como para el reconocimiento y la exploración cognitiva. El libro de mi amigo Sebastián me ha facilitado sobremanera mis investigaciones y exploraciones (especialmente las que hago en mi maltrecho cerebro, casi tan trepanado como el poder judicial, a la vista de las últimas sentencias). Haciendo uso y abuso de las citas centrales que aparecen en cada una de las certeras entradas de esta pequeña enciclopedia del pensamiento hispánico, me dispongo a perpetrar un delito académico con tintes satánicos apropiándome de las ideas de otros para intentar mover a la reflexión a la ciudadanía sobre cosas harto enjundiosas. Seré su escriba y, en el mejor de los casos, un mensajero de los placeres del entendimiento. Dejo a ustedes la labor de extraer las consecuencias de mi collage “dadaísta” e indagar sobre la vida y milagros de los autores violentados por mi procaz verbo.
El filósofo Fernando Savaternos anima a iniciar y continuar esta reflexión: “Piense usted lo que quiera, pero piénselo”, teniendo en cuenta que “filosófico es el preguntar, y poético el hallazgo” (María Zambrano). Pues “el hombre viene al mundo y no sabe por qué “(IbnGabirol) y “la inmortalidad dura mientras uno está vivo” (Manuel Alcántara). No obstante, conviene tener en cuenta que “vivimos dramáticamente -escribe Santayana- en un mundo que no es dramático. Tal vez sea así porque “se nos enseña a muchas cosas, menos a pensar y a vivir” (Giner de los Ríos). Y a pesar de lo que se suele pensar habitualmente, “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” (Gabriel García Márquez).
“La duda es uno de los nombres de la inteligencia”, escribe Jorge Luis Borges, el punto de partida inevitable, según San Agustín y Descartes, para que levante el vuelo la reflexión racional y el antídoto adecuado para el dogmatismo más pacato. No es de extrañar que el cordobés Maimónides nos haga la siguiente recomendación, para aplacar a nuestro ego: “enseña a tu lengua a decir “No se””.El hecho de reconocer, con Sócrates, que “sólo sabemos que no sabemos nada” y que “la verdadera ciencia enseña a dudar y a ser ignorante” (Unamuno), nos permite valorar la filosofía como aquel conocimiento que “configura y modela el espíritu, ordena la vida, rige las acciones” (Séneca). Y es preciso protegerse, con el sólido escudo de la racionalidad, porque “el corazón del hombre necesita creer en algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer” (Larra). En el siglo XVIII, por ejemplo, se hablaba de la conspiración de los clérigos y muchos pensaban que su sistema de creencias formaba parte de una mentira deliberada fabricada por los que ostentaban el poder y pugnaban por mantenerse perpetuamente en él. Algo muy diferente pensaba sobre la religión el ilustre Ibn Arabí: “mi religión es el amor”. Y hablando de amores, no conviene desdeñar la visión, algo más mundana y racional, del poeta Antonio Machado: “el amor a la verdad es el más noble de todos los amores”, nos dice, aunque conviene corregir sus excesos por cuestiones de salud. Por este motivo, y siguiendo al filósofo José Gaos, se podría afirmar que “si nos dirigiese siempre puramente la razón, la vida sería apacible, pero melancólica”.
Como a Santiago Ramón y Cajal, “me devora la sed insaciable de libertad y de emociones novísimas”, pero pienso que “estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás” (Fray Luis de León). Por todo ello, y tras este recorrido textual, me reconozco en una ¿difícil? síntesis de libertad y emociones: “conócete en mí”, afirma Santa Teresa de Jesús, por un lado; y proclama Manuel Azaña con firmeza: “la libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres”. Toda una invitación a pensar, a disfrutar de las voces autorizadas del pasado y del presente de la cultura hispánica sin resabios casticistas, y a pasar del “yo” al “nosotros”, manteniendo viva la memoria frente a los dictados de la “sociedad líquida” y la inquietante rebelión de las máquinas por la que suspiran tantos. Piensen ustedes lo que quieran, pero piénsenlo.