CRONICAS CON ALHARTE:PILAR SOLERT, SUSPIROS DE AGUA
Enrique Martín Persiguiendo al Conejo Blanco de «Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas» nos caemos en el mundo interior de la artista Pilar Soler Peillet, que además posee las llaves para transportarnos a nuestro propio universo íntimo. La exposición «Suspiros de agua» es un viaje a través de los colores, las formas y las emociones, una creativa propuesta de esta artista multidisciplinar que por primera vez expone en la provincia de Málaga.
Cada obra de las que encontramos en la sala «Bryan Hartley Robinson» de la Finca El Portón nos hace dialogar con la autora, con su experiencia personal y su espacio interior. Sentimientos que la artista plasmó e hizo visible en distintos soportes en base a su experiencia y que son transformados por el asistente a la muestra en base a la suya propia. Un intercambio y enriquecimiento mutuo entre artista y espectador cuyos sentimientos generados no tienen por qué coincidir, ni entre ellos, ni entre las distintas personas que contemplan la obra. El recorrido por la exposición es como una melodía que el espectador comienza a escuchar desde el mismo momento que cruza el umbral del portón, que nos hace sentir y a la vez meditar sobre la propia obra. Un mundo y unas sensaciones en continuo cambio y movimiento. El trabajo de Pilar explora y experimenta ese movimiento, ese cambio, la idea de que nada perdura para siempre, la propia contradicción humana que encontramos en lo más profundo de cada persona, más allá de lo únicamente visible.
Los colores, que desde siempre han ejercido una influencia fundamental sobre nosotros y sobre nuestro estado de ánimo, toman una importancia trascendental en la obra de Pilar, que explora ese campo para transmitir emociones, algo que el arte siempre ha tenido entre sus objetivos esenciales. Psicología y arte unidos indisolublemente para transmitir y comunicar a través de las múltiples formas, colores y texturas que han ido fluyendo y cambiando hasta encontrar el punto exacto, hasta encontrar el orden dentro del caos, sin límites para la artista ni para la obra. Esta —buscada— pérdida de límites se convierte en el elemento vital en la creación.
Pilar Soler Peillet nos presenta sus obras en una cuidada exposición que abarca distintas disciplinas artísticas. La serie «Suspiros de agua» desciende a las profundidades emocionales de la autora, mundos efímeros y eternos al mismo tiempo, espacios imaginarios que nos evocan en alguna de las creaciones a las vistas aéreas de la madre tierra, a sus océanos y a sus mares, siempre en movimiento. El agua siempre nos ha transportado a nuestro más íntimo mundo emocional, imprevisible, cambiante.
Con «Universos paralelos» seguimos inmersos en un mundo imaginario, como si estuviéramos observando el mundo microscópico a través de una lente. Universos que han pasado o están pasando, como la pintura que fluye por la tela en distintos caminos, simplemente por azar o elegidos premeditadamente. Distintas huellas que el ser humano va dejando al plasmar sus certezas y sus incertidumbres.
«Paisajes del alma» nos hace descender a lo más íntimo, a un mundo interior cambiante y esencial, a la misma existencia. Implosiones de sentimientos y procesos creativos que dialogan con el espectador en un lenguaje universal. Los colores toman vital importancia, blancos y negros oponiéndose a la fuerza y fluidez del rojo que desborda la tela, derribando todos los obstáculos, cambiándose y transformándose, como la propia vida.
Tras la tempestad emocional de «Paisajes del alma» nos encontramos con la calma de «Nenúfares», que posan para que la artista los fotografíe con tranquilidad, una pausa en este mundo vertiginoso donde vivimos. Pero una vez más, la autora no se queda en lo superficial de esa agua estancada. Pilar explora el medio y se sumerge en dichas aguas para encontrar otras respuestas y soluciones, añadiendo color y texturas para transformar la realidad.
Y, por último, con la instalación «La eterna levedad del Ser» se nos abre un espacio para meditar sobre la existencia del ser humano y la idea de eternidad, con la cultura y los libros como origen y sustento de todo, con nuestras experiencias y nuestro bagaje representados por esas páginas en blanco, sobre las que nos elevamos como un árbol hacia el cielo, sin límites, dándonos la seguridad que necesitamos para avanzar, para fluir. Con una belleza simple pero pura, la vida naciendo y emergiendo.
La obra de Pilar es fluidez, como el agua que va buscando su camino, con esa libertad con la que avanza el elemento líquido, eligiendo su propio recorrido en la vida, cambiándolo o desviándolo cuando sea necesario, buscando sus límites para luego desbordarlos. Al final siempre se trata de encontrar el equilibrio. La creación es un viaje que no termina con el secado de la pintura. Los sentimientos emergen de cada obra, cada vez que alguien la contempla, y el viaje continúa.