CRÓNICAS CON ALHARTE: ABRAZO DE OSO
Enrique Martín Durante este periodo de confinamiento, la cultura se ha convertido en un elemento imprescindible para hacer más llevadera la situación, para escapar de ella, o para, simplemente, soñar. Muchos han estado más cerca que nunca de ella, a pesar de que —paradójicamente— los museos, teatros o galerías de arte permanecían cerrados. En algunos casos, esos sueños imaginados durante el encierro se han convertido en realidad, en forma obra escrita, gráfica o de proyecto cultural. «Abrazo de oso» ha sido eso, un sueño imaginado por José Luis Ocaña al que se han unido artistas de diferentes puntos del planeta, una unión entre creadores distantes geográficamente, pero unidos en un bonito y solidario fin. Parte de lo que se recaude con la venta de las obras expuestas en esta muestra irá destinado a dos asociaciones sin ánimo de de lucro: «Patitas Andaluzas», que rescata y ayuda a animales abandonados, y «Equinac», que trabaja en la recuperación de cetáceos y tortugas marinas.
Ahora, cuando comenzamos a abrirnos paso en la llamada «nueva normalidad», los proyectos culturales retoman su espacio, de la misma forma que lo hizo la naturaleza cuando la mano del hombre dejó de oprimirla durante estos meses. La vida y la naturaleza se abren camino, como nuestros sueños, como la cultura, y así lo hace la sala de exposiciones de la finca «El Portón» de Alhaurín de la Torre. Todo nos resulta diferente: marcas en el suelo, desinfección en la entrada, mascarillas, distancia de seguridad, ausencia de folletos impresos…, pero a la vez, todo vuelve a ser como siempre.
La exposición «Abrazo de oso», comisariada por José Luis Ocaña, reivindica de manera unánime el respeto por la naturaleza, por los animales y hábitats. Si durante el confinamiento muchos de los animales volvieron a los lugares que la especie humana le había usurpado, fue —en cierta manera— para hacernos llegar un inequívoco mensaje: «respeto».
Obras de variadas técnicas y estilos se fusionan con los textos de Silvana Alexandra Nosach conformando una interesante muestra colectiva, donde participan más de una treintena de artistas. La exposición nos propone un recorrido por la naturaleza como si de un paseo por un cuento se tratase. El amor a la naturaleza y los animales es el hilo conductor de esta exposición, simbolizado en el abrazo físico y en las emociones que emanan de dicho gesto.
Al comenzar el recorrido por la muestra, el precioso texto de Silvana «Gran oso» nos hace abrazarnos al peluche del pequeño Guillermo para transportarnos a los remotos bosques del «Sur», donde naturaleza, hombres y animales se unen y se abrazan al unísono para sobrevivir conjuntamente al inesperado y gélido invierno. Las palabras de Silvana nos abre el camino a un mundo de cuento escenificado a lo lago de la sala.
La acuarela «Caperucita y el oso», de José Luis Ocaña, es la primera que encontramos y es la elegida para dar imagen al cartel de la muestra. La adorable niña del cuento deja atrás los guantes y la mascarilla que llevaba en la portada de la exposición para fundirse en ese gran abrazo de oso. En esta optimista obra se concentra la ilusión y el mensaje de esta muestra colectiva.
El recorrido nos sigue llevando por ese mundo mágico de las acuarelas hasta llegar a una obra de M. J. Arillo, «Naturaleza y su amiga osa», llena de ternura y emoción, que se nos presenta acompañada de otro bello texto de Silvana, «Rarezas de naturaleza». Nos cuenta Silvana que a la naturaleza, a veces, le gusta cambiar los colores y que a los animales de su imaginario les encanta ser diferentes, como a ese oso blanco representado por Arillo, con sus singulares y cariñosas huellas. El ilustrar un texto ya escrito o ponerle un texto a una ilustración es una maravillosa experiencia artística, un juego entre dos creadores que se reinterpretan mutuamente en una enriquecedora práctica.
También acompañada por un texto de Silvana nos encontramos una original ilustración de Tesa González, «Abrazo a mi pato», dialogando con maestría con el color hasta encontrar una armonía perfecta, como siempre lo ha hecho la autora. Tanto el texto «Veranos de Lluvia y sol», inspirado en la obra de Tesa, como la misma ilustración, nos trasladan a nuestra infancia y al recuerdo de aquellos interminables veranos junto a nuestros seres queridos, unos veranos que —como nos cuenta la autora— se fueron transformando, como se transformó la «pata Flora» en cisne de cuello largo. Y las palabras de Silvana nos hacen viajar del verano de nuestra infancia al «dulce» otoño, para acompañar una preciosa obra de Marta Sarmiento realizada con acuarela y lápices, «Fall in love», donde un delicado cabello envuelve al zorro, a la obra y al mismo otoño.
Continuando con el recorrido de la muestra, nos encontramos con otra ilustración digital, «Amor gatuno», de Chari Nogales, que nos transmite una cálida tranquilidad a través de una delicada paleta de colores, para después llegar a «Osadía», de Alberto Hoyos, donde podemos imaginar que después del abrazo de la niña al oso, esos píxeles defectuosos que nos muestra su autor serán transformados y reconstruidos en un nuevo futuro lleno de armonía, saldando la deuda que el hombre tiene con la naturaleza. Y a continuación, siguiendo con el recorrido, Javier Longobardo nos presenta una obra realizada con tinta y lápiz de color que nos transmite la fuerza del abrazo a través de simples y delicados trazos de tinta. Suaves y exquisitos perfiles que transmiten mucho, la obra contiene lo necesario para emocionar.
Como dice Silvana en otro de sus textos, algún día nuestros niños recordarán que mientras estuvieron encerrados protegiéndose de un virus invisible, la naturaleza los abrazó. El texto está inspirado en una preciosa obra de Marta Parejo, «Amor a la naturaleza», con pequeños y cálidos toques de color que armonizan una maravillosa creación, donde la autora nos hace sentir el calor del abrazo. Un trabajo lleno de magníficos detalles como los encajes de la ropa o el delicado pelo entremezclado, como esa otra melena dibujada con grafito por Mª Carmen Cebrián en su obra «Prisioneros», representando al planeta dominado por el hombre, donde pájaros, plantas y flores se encuentran cautivos. Y para contrarrestar esta deuda que tenemos con la naturaleza, descubrimos el collagraph y acuarela de Raquel Ponce, «Abrazo a la naturaleza», una magnífica obra para representar ese abrazo que tenemos que devolver al planeta, dejando atrás todo lo pasado. Una original, elegante y enigmática obra.
El delicado abrazo entre humano y gorila que nos regala el gran dibujante —y siempre solidario—Pachi Idígoras nos sigue llevando a través del cuento y de la magia de esta exposición. Después, otra bella composición, «Azucena» de Alex Errera, con un color que nos atrapa. Esta obra de Alex está acompañada por un texto de Silvana donde la pequeña niña del relato, con la ayuda de los animales de sus libros, empieza a creer en sí misma, a perder los miedos, como esa otra niña de la tinta china de José González, «Espíritu salvaje», una magnífica obra que capta el imperceptible lento movimiento de la madre oso acercándose a la niña, ajena a todo peligro, con un bosque de fondo que nos cautiva.
Y concluimos las referencias expresas a algunos de los trabajos expuestos en la muestra con una maravillosa obra llena de magia realizada por la conocida artista gráfica Viive Noor, «Little Red Riding Hood and the Wolf». Un trabajo fiel al estilo personal y característico de la autora, donde más allá de convenciones tradicionales, caperucita se abraza al lobo en mitad de un elegante escenario bajo un cielo estrellado, inmersos ambos en una bellísima naturaleza de tonos monocromáticos.
Esta extensa, interesante y optimista exposición llena de emociones se convierte en un esperado reencuentro con el arte después de los duros momentos vividos, un proyecto soñado durante el confinamiento y hecho realidad, un paso más para llegar al momento de darnos los abrazos que no nos dimos.